22/05/2007

Los paraguas

Todas aquellas muchachas corrían bajo sus paraguas.

"Cuando voy por la calle nunca miro hacia arriba, no sé ni cómo son los edificios", le había comentado alguien. Y en aquel momento, empapado bajo su capucha, miró hacia a lo alto y añadió un nuevo argumento a la lista de razones por las cuales los paraguas nunca le habían gustado.

Estaba calado, pero no tenía prisa, porque casi se podría decir que no iba a ninguna parte. Disfrutaba de la noche prematura y de los pasos lentos que no podía permitirse por el día.

Bajo la lluvia la vida se resumía en unas letras de Marea, porque él también se parecía a los caracoles, pensó, y a veces molesta el caparazón.

Y al pasar por la Plaza se identificó aún más con esa ciudad: a pesar del diluvio las terrazas seguían puestas y los carteles electorales ya eran papel mojado.

 

Posted by Caballero at 21:46:26 | Permanent Link | Comments (0) |

15/05/2007

La madrugada

En la soledad de la madrugada hacía un frío impropio para la primavera avanzada.

En la soledad del silencio resonaban sus pasos sobre una alfombra de piedra eternamente mojada. Pasos como latidos de un corazón. 

Pero en esa soledad se rompe también el silencio porque se escuchan pájaros de existencia insospechada a cualquier otra hora, bichos que ya no viven en el ayer, sino en el mañana. Bichos, los muy cabrones, aunque pájaros, que le acusan de volver de donde no debería.

Por momentos piensa que sería más fácil ser cualquiera de los otros borrachos, agarrados en grupo por la Gran Vía, haciendo apología de la verdadera amistad. Que es cualquiera.

Él había sido (sobre todo había sido, pero seguía siendo en potencia) cualquiera de ellos. Sin embargo, hay madrugadas diferentes que hacen sentir la soledad, madrugadas frías, amaneceres delatores, fríos que quiebran gargantas.

Y la certeza de que mañana sería un mal día.

Posted by Caballero at 02:30:13 | Permanent Link | Comments (2) |

03/04/2007

La procesión

 

 

Todas aquellas noches, desde que él tenía memoria, había hecho frío. O lo había sentido.

Los encapuchados desfilaban en medio de la oscuridad con sus teas encendidas. Y el silencio que les acompañaba sólo se rompía con esos cánticos graves que atravesaban los siglos para resucitar un mensaje escrito en una lengua muerta. 

Sólo los flashazos de las cámaras digitales le devolvían a la realidad y al siglo al que pertenecía.

-Deberías volver a escribir-le aconsejaron.

Pero una noche más prefirió malgastar su tiempo en más bares que los de costumbre y rodeado por más gente que la habitual. Al menos, reflexionó sobre lo que había visto un año más: el sabor profundo de la belleza y el vacío terrible de las cosas que no tienen mucho sentido. 

Posted by Caballero at 23:27:52 | Permanent Link | Comments (0) |

20/03/2007

Los problemas

No huía de los problemas, porque disfrutaba con el placer de resolverlos.

Necesitaba estar haciendo algo siempre.

La vida era un juego con retos y soluciones. 

Y era hermoso echar la vista atrás de vez en cuando y contemplar el camino andado. 

Posted by Caballero at 00:02:04 | Permanent Link | Comments (0) |

13/03/2007

Los buenos

-Si te confías, no la metes.

Se refería al billar.

Claro, les pasa a los buenos. Por ejemplo, a los buenos futbolistas, son capaces de hacer una jugada increíble y de fallar lo más fácil.

En este caso era cuestión de concentración. Era la rubia, no le dejaba centrarse. Respira hondo, sólo existe la bola, dibuja la trayectoria, el golpeo justo, dale... ¡Mierda!

No. Los buenos son los que, además de hacer la jugada increíble, nunca fallan cuando no deben fallar.

Posted by Caballero at 23:45:00 | Permanent Link | Comments (0) |

23/01/2007

La normalidad

No quería tener el coche más grande ni un piso en el centro ni a Elsa Pataky como novia (porque entonces ya no sabría qué buscar en el Google y llamaría demasiado la atención por la calle).

Quería ser un tipo normal, trabajar poco, ganar lo necesario y que le dejasen en paz, confesó.

La cerveza y la amistad descubrían algunas noches las cosas importantes de la vida.

Posted by Caballero at 21:35:24 | Permanent Link | Comments (2) |

16/01/2007

El invierno

Aquel invierno no hubo invierno.

Hacía un tiempo extraño en todo el mundo, decían las noticias. Cerezos floridos en Central Park, en Nueva York. Moscovitas sin gorros, osos que no hibernan y una Plaza Roja sin nieve, en Rusia. Moscas y sapos desorientados, en Bélgica. Ah, y los señoritos, de aquí y de allá, que no podían ir a esquiar.

Algo no andaba bien en el mundo. Llegar a casa y tener la calefacción puesta era convertir aquella maldita primavera en un verano bastardo y esta vez sólo le consolaba, como mucho, mirar la temperatura de Reikiavik (cada uno tiene sus paraísos).

El cuerpo le pedía pasar frío, abrigarse, calentarse.

Y mientras pensaba en ello esa noche decidió que alguna vez tendría que borrar esos 307 mensajes sin leer de su correo electrónico.


Posted by Caballero at 21:15:52 | Permanent Link | Comments (1) |
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