Los nombres
El monene y la churrina.
Shakira le decía que era un error convertido en acierto.
El tiempo estaba loco, la vida era confusa y pasaba deprisa.
Y quedaban grabadas palabras extrañas pronunciadas en botellones como los de antes.
El monene y la churrina.
Shakira le decía que era un error convertido en acierto.
El tiempo estaba loco, la vida era confusa y pasaba deprisa.
Y quedaban grabadas palabras extrañas pronunciadas en botellones como los de antes.
Todas aquellas muchachas corrían bajo sus paraguas.
"Cuando voy por la calle nunca miro hacia arriba, no sé ni cómo son los edificios", le había comentado alguien. Y en aquel momento, empapado bajo su capucha, miró hacia a lo alto y añadió un nuevo argumento a la lista de razones por las cuales los paraguas nunca le habían gustado.
Estaba calado, pero no tenía prisa, porque casi se podría decir que no iba a ninguna parte. Disfrutaba de la noche prematura y de los pasos lentos que no podía permitirse por el día.
Bajo la lluvia la vida se resumía en unas letras de Marea, porque él también se parecía a los caracoles, pensó, y a veces molesta el caparazón.
Y al pasar por la Plaza se identificó aún más con esa ciudad: a pesar del diluvio las terrazas seguían puestas y los carteles electorales ya eran papel mojado.
En la soledad de la madrugada hacía un frío impropio para la primavera avanzada.
En la soledad del silencio resonaban sus pasos sobre una alfombra de piedra eternamente mojada. Pasos como latidos de un corazón.
Pero en esa soledad se rompe también el silencio porque se escuchan pájaros de existencia insospechada a cualquier otra hora, bichos que ya no viven en el ayer, sino en el mañana. Bichos, los muy cabrones, aunque pájaros, que le acusan de volver de donde no debería.
Por momentos piensa que sería más fácil ser cualquiera de los otros borrachos, agarrados en grupo por la Gran Vía, haciendo apología de la verdadera amistad. Que es cualquiera.
Él había sido (sobre todo había sido, pero seguía siendo en potencia) cualquiera de ellos. Sin embargo, hay madrugadas diferentes que hacen sentir la soledad, madrugadas frías, amaneceres delatores, fríos que quiebran gargantas.
Y la certeza de que mañana sería un mal día.