El vacío
Tiempo atrás decidió cerrar el libro de las horas muertas, como dice la canción.
Ahora, ese horror vacui de su agenda mental.
El trabajo, los amigos, alguna mujer, la familia, las tareas domésticas, los vicios y las aficiones le robaban el derecho a no hacer nada. Obligaciones en mayor o menor medida autoimpuestas.
Pero hay derechos a los que bien se puede renunciar. Qué pesadilla acabar como ese gitano viejo que estaba todos los días en la misma calle, a toda horas, solo o acompañado, quieto o paseando, pero siempre mirando la vida pasar.
El no tener nada que hacer podría ser un placer que para él con rapidez se convertía en infierno.

