Las calles
Cuando el atardecer le pillaba fuera de casa, con ese azul oscuro casi negro en el cielo, y las luces iluminaban las antiguas piedras del centro de la ciudad, las calles ejercían una atracción irresistible sobre él.
Los bares a medio llenar, las tapas de cena, la cerveza que comenzaba a aclarar ciertas ideas.
Y esas ganas de fundirse con la ciudad.
No importaba el día, porque él sabía que todos los momentos son irrepetibles y que todas las situaciones son ahora o nunca.
