La lluvia
Por alguna razón, en las noches de lluvia él intuía que la luna iba a faltar a la cita diaria que mantenían en el lugar de costumbre. La muy puta.
Pero siempre tenía la esperanza de que asomara por algún hueco entre las nubes. Y así se obrara el milagro de verla sin estrellas. Sin miradas, ni cómplices ni inquisidoras.
Las miradas se agudizan en la noche. Y la lluvia es grandiosa cuando es diurna, porque convierte el día en noche. Y es cruel cuando es nocturna, porque hagas lo que hagas siempre se moja en tu contra.
