03/04/2007

La procesión

 

 

Todas aquellas noches, desde que él tenía memoria, había hecho frío. O lo había sentido.

Los encapuchados desfilaban en medio de la oscuridad con sus teas encendidas. Y el silencio que les acompañaba sólo se rompía con esos cánticos graves que atravesaban los siglos para resucitar un mensaje escrito en una lengua muerta. 

Sólo los flashazos de las cámaras digitales le devolvían a la realidad y al siglo al que pertenecía.

-Deberías volver a escribir-le aconsejaron.

Pero una noche más prefirió malgastar su tiempo en más bares que los de costumbre y rodeado por más gente que la habitual. Al menos, reflexionó sobre lo que había visto un año más: el sabor profundo de la belleza y el vacío terrible de las cosas que no tienen mucho sentido. 

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