Los domingos
No era el silencio, ni la soledad, ni la resaca.
Otra vez había dejado aquel dulce limón sin exprimir.
Los domingos eran viejos y decadentes y lo que él sentía era la tristeza de saber que la rutina siempre vuelve a triunfar.
No era el silencio, ni la soledad, ni la resaca.
Otra vez había dejado aquel dulce limón sin exprimir.
Los domingos eran viejos y decadentes y lo que él sentía era la tristeza de saber que la rutina siempre vuelve a triunfar.