Las horas
La teoría de las horas impares (3 mejor que 4) había funcionado. O tal vez esas copas no eran garrafón. El caso es que había salido airoso aquella jornada con luz del día una vez más. Y ahora otra extraña y muy diferente luz de atardecer se reflejaba sobre esa particular piedra y era la frontera que conducía de nuevo a un territorio ilusionante y peligroso.
La luna encogía estos días, tal vez avergonzada por el eclipse que la había desnudado poco tiempo atrás descubriendo que también ella es una mujer fatal.
