El invierno
Aquel invierno no hubo invierno.
Hacía un tiempo extraño en todo el mundo, decían las noticias. Cerezos floridos en Central Park, en Nueva York. Moscovitas sin gorros, osos que no hibernan y una Plaza Roja sin nieve, en Rusia. Moscas y sapos desorientados, en Bélgica. Ah, y los señoritos, de aquí y de allá, que no podían ir a esquiar.
Algo no andaba bien en el mundo. Llegar a casa y tener la calefacción puesta era convertir aquella maldita primavera en un verano bastardo y esta vez sólo le consolaba, como mucho, mirar la temperatura de Reikiavik (cada uno tiene sus paraísos).
El cuerpo le pedía pasar frío, abrigarse, calentarse.
Y mientras pensaba en ello esa noche decidió que alguna vez tendría que borrar esos 307 mensajes sin leer de su correo electrónico.


saludos (Comment this)