El olvido
La última noche apenas pudo dormir pensando en ello. No había pasado mucho tiempo, pero desde entonces no había tenido ni una llamada, ni un escueto sms, ni un cumplidor "cómo te va".
Demasiada frialdad para recibirlos, demasiado orgullo para enviarlos.
No había pasado mucho tiempo, pero había empezado a habitar el olvido.
