07/07/2007
06/07/2007
El colega
Se puede llamar A., C., D. o incluso J., depende de las épocas, pero siempre es el que nunca falla cuando le llama y el que siempre llama cuando todo falla y es necesario desahogarse en la noche con libertad.
El colega. La música. La oscuridad del bar. La cerveza. La tranquilidad de los días en los que no se sale, pero ellos salen. El placer de hablar de todo e incluso de poder callar, aunque siempre quede algo por decir. La certeza de que, joder, él en realidad es el otro.
El que siempre ofrece un cigarro que no puede rechazar, el que pide otra más. El cabrón responsable de que al día siguiente vuelva jodido a trabajar.
Las mujeres, el fútbol, los recuerdos, los proyectos.
La música mítica y la lealtad.
La noche, como siempre, la mejor parte del día. Aunque tenga el defecto de no ser eterna. Y la virtud de juntar a dos colegas que ahogan en whisky y cerveza la soledad.
20/06/2007
La cajera
Silvia era su cajera del Carrefour favorita.
Tenía la ternura de la inexperiencia, la voluntariosidad de la novata y un nosequé que tenía Silvia.
Gafas de pasta, cabello teñido pelirrojo recogido y pura simpatía. Él dejaba que le tratara de usted, le molaba, le ponía, y ella no paraba de hablar. "Buenas tardes. Le voy dando bolsas. ¿Esto también es suyo? ¿Son seis cartones, verdad? En esta bolsa le meto lo congelado para que vaya todo frío. Firme aquí y éste me lo quedo yo. ¿Quiere otra bolsa? ¿Tiene la tarjeta del Club Carrefor?"
Qué maravilla que alguien en plena faena se ponga a decir cosas evidentes e innecesarias, con un nosequé que tenía Silvia.
Y después de toda la parrafada... Siempre se olvidaba de decirle el importe.
Era con diferencia la cajera que más tardaba, pero un tal Murphy le decía que él siempre se ponía en la cola más lenta ("la tarjeta no pasa", "entrega a domicilio", "voy a por cambio") así que total, por qué no ponerse en la cola de Silvia. Si Silvia tenía un nosequé que tenía Silvia.
Qué curioso. Le gustaba de ella la incompetencia que odiaba en el resto de la gente.
¿Cómo sería Silvia de noche, desmelenada y sin uniforme? ¿Tendría un nosequé Silvia?
03/06/2007
La sangre
Las razones por las que uno sangra por la nariz caminando por la calle al amanecer pueden ser muy variadas. Pero ninguno de los madrugadores que le escrutaban al pasar pensaban en la más inocente. Como tampoco pensarían en otros pecados que no tenía cara de haber cometido aquella noche.
Caminaba como llegado de otro mundo y aquellos madrugadores, recogiendo las cacas de sus perros a las 8 de la mañana de un domingo, tenían la virtud de no hacerle parecer absurdo.
En algún lugar cercano pero cada vez más lejano un equipo de fútbol comenzaría a jugarse la gloria aquel domingo. Pero a él, las madrugadas como aquella le habían enseñado que no existían ni el éxito ni el fracaso.
31/05/2007
Los nombres
El monene y la churrina.
Shakira le decía que era un error convertido en acierto.
El tiempo estaba loco, la vida era confusa y pasaba deprisa.
Y quedaban grabadas palabras extrañas pronunciadas en botellones como los de antes.
22/05/2007
Los paraguas
Todas aquellas muchachas corrían bajo sus paraguas.
"Cuando voy por la calle nunca miro hacia arriba, no sé ni cómo son los edificios", le había comentado alguien. Y en aquel momento, empapado bajo su capucha, miró hacia a lo alto y añadió un nuevo argumento a la lista de razones por las cuales los paraguas nunca le habían gustado.
Estaba calado, pero no tenía prisa, porque casi se podría decir que no iba a ninguna parte. Disfrutaba de la noche prematura y de los pasos lentos que no podía permitirse por el día.
Bajo la lluvia la vida se resumía en unas letras de Marea, porque él también se parecía a los caracoles, pensó, y a veces molesta el caparazón.
Y al pasar por la Plaza se identificó aún más con esa ciudad: a pesar del diluvio las terrazas seguían puestas y los carteles electorales ya eran papel mojado.
15/05/2007
La madrugada
En la soledad de la madrugada hacía un frío impropio para la primavera avanzada.
En la soledad del silencio resonaban sus pasos sobre una alfombra de piedra eternamente mojada. Pasos como latidos de un corazón.
Pero en esa soledad se rompe también el silencio porque se escuchan pájaros de existencia insospechada a cualquier otra hora, bichos que ya no viven en el ayer, sino en el mañana. Bichos, los muy cabrones, aunque pájaros, que le acusan de volver de donde no debería.
Por momentos piensa que sería más fácil ser cualquiera de los otros borrachos, agarrados en grupo por la Gran Vía, haciendo apología de la verdadera amistad. Que es cualquiera.
Él había sido (sobre todo había sido, pero seguía siendo en potencia) cualquiera de ellos. Sin embargo, hay madrugadas diferentes que hacen sentir la soledad, madrugadas frías, amaneceres delatores, fríos que quiebran gargantas.
Y la certeza de que mañana sería un mal día.

